viernes, 7 de agosto de 2009

A mi hijo

¿Sabes? He estado repasando lo que han sido todos estos años que he vivido a tu lado.
Creo que como cualquier matrimonio, ha habido de todo, disgustos, alegrías, enfados y reconciliaciones, pero ha merecido la pena porqué he vivido lo más grande que puede desear una mujer, ser madre.
Ese momento, en la que rota por el dolor del parto, ponen en tus brazos a ese ser tan pequeño, lo arrimas a tu pecho y sientes los latidos de su corazón, no hay palabras que puedan describirlo.
Por eso a ti, hijo mío, te doy las gracias porque me has hecho vivir la inmensa felicidad de ser tu madre.

La mantilla

Era costumbre, años atrás, visitar los monumentos el día de Jueves Santo. Consistía en hacer un recorrido por siete iglesias y rezar ante el Santísimo un Padre Nuestro.
Existía una rivalidad entre las parroquias, por ver quién la adornaba mejor.
En todas era un alarde flores.
¡Con qué orgullo aquella niña paseaba de la mano de su madre! iba ataviada con la clásica mantilla española, como era costumbre en las mujeres con cierta clase social.
Su ilusión era llegar a lucirla algún día.
Al cabo de unos años, su madre dejó de usarla, dando la disculpa que no tenía traje adecuado o que los zapatos estaban viejos y no había posibles para comprar otros.
Aquella mantilla con su peineta, que se guardaba en una caja, se convirtió en una especie de obsesión, pues no daba llegado la edad necesaria para poder usarla. Cuando iba ala armario, destapaba la caja y acariciaba con ternura aquella blonda y aquella peineta de nácar con dibujos de filigrana.
Un día comprobó, con tristeza que había desaparecido y le pregunto que pasara con ella.
Y como en aquel entonces las madres no daban explicaciones le dijo que era muy niña para entenderlo.Pero la niña sí sabía que necesitaba venderla y se quedó con la amargura porque ya nunca podría lucirla.

18 primaveras

Una noche de verano
Naciste tú, nieta mía
Con los ojos muy abiertos
Queriendo mirar la vida.

Estabas quizás asombrada
De algo que no entendías
Con los ojos muy abiertos
Así seguiste en la vida



Un poco cascabelera
Coquetuela y presumida
Pero te digo:-No cambies
Sigue siendo tú chiquilla

18 primaveras
Ayer eras una niña
Y hoy ya una mujer
¿Qué te deparará la vida?

Mi madre Galicia

He recorrido la tierra
Estado en muchos lugares
Y cruzado muchos mares
Pero en ninguno encontré
Alivio para mis males.


Pero un día aquí llegue
A esta tierra que es Galicia
Al fin aquí encontré
Mi hogar y mi delicia.
Por tus bosques me adentre
Encontrando maravillas
Estos paisajes agrestes
Este aire que da vida

Desde aquí diviso el mar
Que manso llega a la orilla
Dando sensación de paz
A mi alma dolorida.

Por eso quiero decir
Que ese día que me muera
Que se esparzan mis cenizas
En esta bendita tierra.

Y debajo de una encina
Entonces podre decirte
Eres mi madre Galicia.

Quiero olvidar

Esta espina que se clava
Dentro de mi corazón
Quiero olvidarla y no puedo
Voy a perder la razón.

Quiero olvidar los recuerdos
Angustiosos que he vivido
No quiero tener rencor
Por esa vida que ha sido.

Un amargo sufrimiento
De amor no compartido
Estás sola en compañía
Sin tener quien te consuele
Y sentirte día a día
Abandonada a tu suerte.
Yo solo quiero olvidar
Esos años que han sido
Para poder descansar
Mi corazón dolorido.

Gaitiña galega

No portal de Belén
Soa a gaitiña galega
E con ese dulce son
Dormido o neno queda.



Toca galeguiño, toca
Con amor unha muiñeira
Que ó neniño Dios
Gustálle o son da gaitiña galega.

Toca moi quedito
Que dormido o neno queda.

O neniño
No se durme
Porque as pallas
Fanlle ruido
Faille San Xose
Un berce
Para que durma tranquilo

San Xosé, faille un berce
Ao neniño que naceu
Que veñen os anxeliños
Que o veñen a mecer.

Vinde


Vinde, neniños e nenas
Vinde prontito ó portal
Que xa naceu ó neniño
Que Xesús se chamará.


Vinde, neniños e nenas
Vinde prontito ó portal
A cantarlle unha nana
Moi quedo
E pronto se durmirá.

Vinde, neniños e nenas
Vinde prontito ó portal.